Ricardo Zárate explora en su nueva novela el miedo, la violencia y la necesidad de encontrar culpables en una sociedad que, advierte, puede convertir a una persona en monstruo.
“El mal no es un hecho aislado: es una sustancia que se entreteje en la cotidianidad de la sociedad”, afirma el escritor leonés Ricardo Zárate, quien presenta La llamaron monstruo, una novela de terror psicológico que utiliza el género para mirar de frente algunas de las heridas más profundas del México contemporáneo: la violencia, la muerte, la culpa y la necesidad de señalar rápidamente a un responsable.
La historia coloca al lector ante un crimen brutal: dos niños son asesinados y todas las sospechas apuntan hacia Cristal, una adolescente de apenas 13 años. A partir de esta premisa, Zárate construye una narración que no se limita a descubrir quién cometió el crimen, sino que plantea una pregunta mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando una sociedad necesita encontrar un monstruo antes de conocer la verdad?
Para el autor, esa necesidad de juzgar y condenar se ha intensificado en una época marcada por la tecnología y las redes sociales. Asegura que las plataformas digitales pueden exacerbar las emociones y nublar la capacidad de discernimiento.
“Estamos viviendo una edad media con Internet”, plantea Zárate, al referirse a la rapidez con la que actualmente se levantan juicios públicos y se castiga socialmente a quienes son considerados culpables.
La novela, así, también funciona como una reflexión sobre la llamada cultura de la cancelación y sobre la facilidad con la que una persona puede ser convertida en enemiga por no pertenecer a determinado grupo o por desafiar una creencia.
El monstruo está afuera, pero también adentro
Uno de los principales juegos narrativos de La llamaron monstruo consiste en colocar frente al lector dos posibilidades del horror: el monstruo sobrenatural y la capacidad humana de fabricar monstruos.
Para Zárate, ambas dimensiones pueden coexistir.
En la historia, Cristal no solamente enfrenta una amenaza vinculada con lo sobrenatural. También se encuentra atrapada en un entorno social capaz de juzgarla, señalarla y condenarla.
“El mal requiere de nuestra complicidad para triunfar”, sostiene el escritor.
Desde esa perspectiva, el terror deja de ser únicamente una herramienta para provocar miedo y se convierte en una forma de explorar conceptos como la libertad, la justicia, la amistad, el amor y la supervivencia.
Paradójicamente, explica Zárate, son precisamente esos temas luminosos los que puede abordar a través de la oscuridad.
La novela se convierte entonces en una historia de resistencia: una adolescente que debe luchar por su vida y por su libertad en medio de un mundo que parece haber decidido quién es el monstruo.

Una niña en el centro del horror
La elección de Cristal como protagonista tiene un origen que se remonta a más de dos décadas.
Cuando Zárate cursaba su último año de universidad encontró en la biblioteca un libro titulado Children Who Kill, de la investigadora Carol Ann Davis, una recopilación de perfiles de jóvenes que cometieron asesinatos entre los 10 y los 17 años.
Aquella lectura despertó una pregunta que terminaría convirtiéndose en la semilla de su novela: ¿qué sucede con las familias de los niños señalados como asesinos?
El escritor comenzó a imaginar las consecuencias de un crimen así para los padres del supuesto victimario: el matrimonio, los vecinos, la familia, la comunidad y la propia identidad de quienes quedan marcados por el delito.
Años después encontró otra referencia que alimentó esa inquietud: A Mother’s Reckoning, escrito por la madre de uno de los jóvenes responsables de la masacre de Columbine, ocurrida en 1999.
Pero Zárate decidió apartarse de la figura convencional del adolescente asesino.
En lugar de contar la historia de un menor que comete un crimen, eligió colocar en el centro a una niña acusada injustamente de un doble homicidio.
La decisión le permitió explorar no solamente el crimen, sino también el prejuicio, el miedo y la construcción social de la culpabilidad.
Aunque La llamaron monstruo transita por escenarios oscuros, Ricardo Zárate asegura que su intención no es quedarse en la violencia ni en el morbo.
Por el contrario, su interés está en explorar aquello que permite a los seres humanos resistir.
Cristal representa esa lucha por vivir cuando todo parece perdido.
La novela, en ese sentido, termina convirtiéndose en una historia sobre valentía, libertad y supervivencia, pero también en una advertencia sobre la facilidad con la que una sociedad puede señalar, condenar y convertir a alguien en aquello que teme.
Porque quizá la pregunta más inquietante que deja La llamaron monstruo no sea quién es el monstruo, sino quién decidió llamarlo así y qué parte de nosotros permitió que existiera.


